Carta de amor ganadora en el Concurso Tamarises Izarra

Carta de amor ganadora en el Concurso Tamarises Izarra

¡Ya tenemos carta ganadora en nuestro concurso! ¡Enhorabuena a todos los participantes! El nivel es cada vez más alto, y la decisión cada año más complicada.

Este año  la ganadora ha sido Eva María, que enseguida disfrutará de su premio: una romántica cena para dos en Tamarises Izarra. ¡Felicidades!

Vida mía,
Quieres que te escriba una carta de amor, que suelte el torrente de sentimientos que bullen por dentro, que lo plasme en blanco y negro para poder leerlo y releerlo. Para poder decir que esas palabras son tuyas porque para ti brotaron. Y yo no sé cómo explicarte que sólo escribo cuando estoy triste, cuando el mundo en derredor suena amortiguado, hueco, extraño.
Durante mucho tiempo pensé que yo era un amor intermedio. Alguien venido a dar, a entregar sin esperar nada a cambio. Pensé que mi destino era acoger a los corazones rotos y cauterizar sus heridas. Ser bálsamo, reposo, cura. Un faro en la oscuridad, una hoguera en las gélidas noches, un arrullo tranquilizador.
Soñaba que un día llegaría la primavera. Y la luz lo inundaría todo, llovería alegría, florecerían caricias. Mis sonrisas darían sus frutos, volverían los trinos a acompañar mis mañanas.
Busqué y busqué, en los rincones, tras las cortinas. En paseos y cafés, en la red de redes, por el suelo. En tertulias y en trenes de cercanías, en casonas abandonadas, en grandes almacenes, en catálogos especializados. En la cresta de la ola, en un suburbio polvoriento, a la luz del día, a la tenue penumbra de un anochecer claro.
Nada. Voces huecas. Páginas rotas. Fotos desenfocadas. Murmullos intermitentes, gritos ahogados.
Y cuando decidí cerrar mi puerta y tapiar mis ventanas, te colaste por un resquicio. Pidiendo permiso. Para verme, para conocerme. Para cambiar las tornas de mi destino. Y te franqueé la entrada. Me arriesgué a perderme en batallas inútiles de nuevo.
La certeza llegó cuando mi mano se deslizó en la tuya sin haberlo pretendido. Era mi alma decidiendo por mí, resistiéndose a manuales de urbanidad y reglas de comportamiento en la primera cita.
Mucho antes de besarnos, ya presentí que eras tú la revolución que pondría mi mundo patas arriba. Que contigo miraría al cielo buscando formas en las nubes y arco iris en las tormentas. Contigo pondría nombres nuevos a las estrellas y te miraría a los ojos dejando crecer el silencio reparador.
Supe que ahora me tocaba recibir regalos preciosos como un “Buenas noches, chiquitina” en mi móvil, o un susurro a media noche, un gemido al oído, un suspiro al despedirnos. Supe que recorrerías conmigo calles medievales o anchas avenidas plagadas de turistas, sólo porque yo lo había querido tanto. Que descubrirías madrigales, arias y conciertos de Año Nuevo, que te asomarías a mi mundo, que te alejarías de tu mar adorado si era necesario. Supe que no era ya intermedia.
Y desde entonces te quiero. ¿Cuánto? Todo. Todo lo que da de sí este corazón mío emocionado y palpitante.
Y desde entonces te amo. ¿Más que al primer amado? ¿Mejor que la primera vez que el amor me sacudió como un terremoto? Te amo como siempre supe que podía amar. Con cada respiración, cada aleteo de mis pestañas. Hasta la última molécula de mi ser. Con toda mi alma, con todo mi cuerpo.
Tuya, por siempre.

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